La embestida contra la laicidad en educación ya no comprende solamente la hoguera de los libros, la alharaca mediática o el evangelio del odio,

de textos por parte de autoridades estatales, los debates sobre la educación religiosa, las reformas a las leyes y a la constitución. La ofensiva no proviene únicamente de los circuitos tradicionales de la derecha eclesiástica, civil o partidaria, económica o moral; no se origina sólo en la Arquidiócesis de México, los Caballeros de Colón, la Unión Nacional de Padres de Familia, el Partido Acción Nacional o la Unión Nacional Sinarquista; ya no se da únicamente con anatemas, resentimientos y desinformación; ha evolucionado -sin dejar de acudir al arsenal inquisitorio que tan bien conoce-, ahora utiliza los derechos humanos, la discusión académica, las propuestas y las iniciativas legislativas para poner en cuestión el concepto de laicidad que se encuentra en el artículo tercero constitucional.

En este texto se trata de ver las características de esta nueva embestida, trazar sus rutas y sus funciones, de marcar sus objetivos y sus tiempos, desentrañar su armazón táctica y estratégica, sus agentes y responsabilidades, sus mecanismos y formas de presión. ¡Hay que tomar en serio las acciones que ponen en cuestión la educación laica! ¿Por qué? He aquí una razón: la ofensiva contra la laicidad es una de las tendencias de recomposición del sistema educativo nacional, una de esas fuerzas históricas que trasciende los partidos y los actores, que pone en riesgo un concepto de educación pública que, más allá de su cumplimiento efectivo, o de su actualización deseada, postula que será “…laica, y por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa…El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”.