¿Quiénes son los profesores de los programas para formar a los docentes y profesionales de la educación? ¿Qué estudiaron, cuál es su experiencia, cuáles son sus prácticas, sus valores y conocimientos? ¿Cuándo, por qué y en qué circunstancias ingresaron al sistema de formación de docentes? ¿Cuáles son sus modos de contratación, su cultura laboral, sus organizaciones? En pocas palabras, ¿cómo y dónde se forman los formadores de formadores? Se dedican a formar a otros, eso lo sabemos, pero a ellos ¿quién los forma? 1

Son interrogaciones que parecieran abrir una ruta aporética, siempre inacabada, insoluble, al modo de esos juegos dialécticos que terminan en paradojas o en preguntas insondables. ¿Hasta dónde inquirir sobre los formadores de formadores? La cuestión se complica si se consideran también a los formadores de todos los profesionales educativos, no sólo los docentes, sino también los psicólogos educativos, los sociólogos, los tecnólogos, los administradores: ¿cómo se formaron, cuál es su experiencia docente, su práctica investigativa, su labor de difusión? ¿Cómo entraron al sistema educativo, cuál es su formación académica, cuál su experiencia profesional? Y podría seguirse también sobre la formación de sus formadores, ¿quiénes los formaron a ellos, dónde? Visto así, la cuestión parecería no tener fin: ¿Quiénes son los formadores de formadores de formadores de…?

Siguiendo esta lógica inmanente, las pesquisas nos podrían remontar hasta un formador primordial, increado. Sin embargo, ¡por fortuna!, no se trata de eso. Las preguntas sobre los formadores de docentes y de profesionales educativos han constituido un campo de estudio e intervención fechado: emerge en condiciones particulares; se forma y desarrolla por un conjunto de programas, acciones, recursos, organismos, instituciones y saberes. Surge en una coyuntura precisa: cuando la formación de los docentes se convirtió en un eje privilegiado de la acción político-educativa; cuando las normales se trasformaron en instituciones de educación superior, en 1984; cuando los títulos de profesor dejaron lugar a los de licenciados, y se empezaron a ofrecer los programas de nivel universitario en educación primaria o preescolar. Es a partir de ese momento cuando se inquirió de manera sistemática sobre los responsables de la formación de profesores y profesionales educativos: si las normales ofrecen licenciaturas, ¿los formadores de los nuevos licenciados en educación primaria respondían al nuevo perfil? Más aún, si la reforma curricular de 1984 estaba orientada a la docencia-investigación, ¿cuál era la experiencia, la formación, las habilidades y competencias en esta materia del personal docente de las normales?

Menos que una interrogación filosófica, las preguntas sobre los formadores de formadores han conformado un campo particular de acción política. El campo, en este caso, no retoma los clásicos elementos del modelo de Bourdieu, sino los propios de un régimen, de una cartografía político-institucional; esta conformada por una problematización, un conjunto estratégico, diversos programas de acción, organismos, formas de saber y modos de interrogación.

Los formadores de formadores son aquellos académicos que tienen como actividad principal la formación de docentes o de profesionales de la educación. La formación puede ser inicial o profesional. (Vid. Arredondo, 2007)