Hay un arsenal muy considerable de acciones, iniciativas y pro- gramas para atender los riesgos de violencia en las organizaciones y en las comunidades educativas. Un conjunto programático y he- terogéneo que ha creado un campo difuso, particular, de reflexión, programación, instrumentación y evaluación, tanto de los fenóme- nos violentos como de su propia gestión.

Los nuevos programas de atención a la violencia escolar ya no se refieren únicamente a los castigos típicos de las conductas, tampoco a la atención personalizada de los sujetos violentos, sino a la institu- ción escolar como espacio peligroso. Son programas integrales, van desde las modificaciones curriculares para la formación de valores, hasta la atención de los niños con Déficit de Atención, Hiperactividad y Trastornos de Aprendizaje, la vigilancia de las inmediaciones escolares, la persecución de bandas y el control de los accesos a las instituciones. Se trata de un conjunto de programas de seguridad escolar, si queremos llamar así al “dispositivo de control de las con- ductas, los individuos y los grupos violentos que ponen en riesgo la integridad física y moral de los estudiantes, maestros y directivos, los objetivos del proceso de enseñanza-aprendizaje, y la salvaguarda de las instituciones educativas”