En pocos días se agotó el sexenio. Inició con una crisis económica; con una guerra en Chiapas; con crímenes que aumentan y no se castigan; con un PRI debilitado que no cambia; con un gabinete ineficaz; con el respaldo de empresarios que se ha vuelto una sospecha; con una legitimidad electoral convertida en incertidumbre y resquemor; con la bendición de Salinas, Córdoba y la familia feliz ahora vuelta maldición, sin familia y sin desgracia. Se acabó: ¿se prepara la entrega del poder?

La gestión de la crisis también está en crisis. Tres son los síntomas: los problemas de eficacia y eficiencia; los problemas de legitimación; y el enrarecimiento de las expectativas. Si los escenarios del estancamiento, la inestabilidad y el desorden tienen una inercia imparable, el gobierno ya acusa los efectos de la entropía política. Se agotó demasiado pronto. ¿Significa su remoción, su derrota, el fin de su gestión? ¿La alternancia cool?